miércoles, agosto 22, 2007

Erika

Sentados estaban ambos, bajo un arbol, a la sombra del mediodía. Ella en todo su esplendor, con un rayo de luz sobre su nariz dandole un brillo divertido; el recogido a la sombra del arbol, tambien con un brillo, por sudor, el calor le mataba, pero claro, nadie le manda a vestirse de abrigo en un parque.

- "Gracias, brisas, gracias" - Pensaba hacia sus adentros, el hombre.

- Vamos a jugar. - Decia Erika.

- Hace calor. - Replico él.

- ¡Vamos, te haras viejo!, ¿que edad tienes en todo caso? - mientras caminaba con un pie frente a otro, haciendo equilibrio.

- 120. ¡Por favor! Ya me sacaste de mi salita, de mi té, y de mis libros. ¿Que mas quieres?. -

- Rie, sonrie.- En ese minuto ella, trastabillea, dando unos saltos de conejo hacia el frente.

Por lejos arriba, muy arriba, veian hacia el suelo, donde el arbol, la niña y el niño. Alguien los miraba sonriente. Cuantas ideas podían pasar por esa cabeza. Cuantos rayos podria dejar caer en la acera.

Pasaron los minutos, la niña saltaba, y se escondía; el niño tiraba su abrigo y chaqueta, corria tras ella.

Ella le daba con una pelota en la nariz. El reía. Ella reía. Ella reía.

Ella no le dejaría dejar de jugar. No le dejaría querer dejar de jugar.

Ella reía.

viernes, agosto 03, 2007

Envidia

Envidia, envidia lenta y estupida. Envidia de mi mismo. De mi locura deleitante, entre cada una de las imagenes que mis manos se niegan a estampar.

Envidia de tres minutos resumidos en tres horas de lágrimas. Nada de pena, tristeza, o algún juglar trágico. Te entienden claro-clarito. Sabes todo, lo que se supone que sepas en cualquier modo. No es ningún existencialismo barato.

Es que. . . . Quiero empezar, y nadie me dijo como. Yo solo imagine como pudiera ser.

Es envidia, porque que es completo. Envidia, porque los detalles son bellos. Envidia, porque es fantástica. Envidia, porque la historia me podría hacer llorar.

Envidia, porque no es mia.

miércoles, agosto 01, 2007

Le besó


Con delicadeza, sobre el aire, sobre la mesa. Pequeñas mentiras bellas y dulces, son inocentes, alegran y calman. Palabras pequeñas sobre la mesa. Y susurros casi de viento, debiendo el aliento.

Cierran las puertas detras de ti, y educadamente sonrien y se van. Y van, y sirven, y callados se van.

Con delicadeza, sobre pequeños lugares de piel. Sobra la mesa, sobra el lugar.

Da una mirada complice, con tintes rojos y violeta. El desliz de la mano, el color del mantel. La suavidad de la tela con la textura del traje en gris pastel.

Asi, mientras cierran la cortina, con la envidia recorriendo su espalda vertebra a vertebra, siguiendo la linea que cierra al final del vestido. Vistiendo el escote de noche. Arropando el sueter blanco y perla, que regaló en navidad. Arrugando la polera que le gustaba tanto.

Con delicadeza, sobre el aire, sobre la mesa. Le besó.