martes, marzo 27, 2012

Quebrar III


En realidad para ella era cosa de tiempo. No era como si fuese algo esperado, o si tuviese publico, sea presente o no. Pero, si era algo de tiempo, iba a ocurrir.

Los pasos acelerados por la escalera que conducía del tercer al segundo piso - una norma bastante ridícula por lo demás -, o también los gritos de confusión, podía ser incluso cosa de observarla comer en el casino del edificio.

Todo rápido, carente de cuidado.

En términos simples la mañana no se diferenciaba del resto en un ápice, el baño, el espejo, el ropero y las decisiones. Tomó el bus como cada día.

Todo era sencillamente usual.

Seamos sinceros, el impacto era usual. La forma en la cual el metal se retorcía en figuras extrañas, y la angustia llenaba el aire, eran cosa de efectos de física mecánica básica y psicología 101.

La sangre empezó con celeridad a gotear, creando un nauseabundo lodo junto a la tierra y el combustible fósil. La gente mas alerta deducía sin dificultad el peligro que dibujaba en el aire.

La ropa desgarrada al viento a través de las ventanas, era señal clara del estado actual de los pasajeros.

La columna de humo bañaba el edificio con animo silente. Creando ese ambiente desgraciado y animo de muerte.

Con ella allí.

Era de esperar. De esperar, con su apuro sempiterno sumado a su atolondrada actitud. Estaba allí.

Todos se apenaron por ella.

Quedo quieta, no se volvió a mover. Con ese día, con ese minuto, se quebró su espíritu y jamas volvió a correr.

sábado, marzo 24, 2012

Otra visita.

Entonces, sintió el golpe en la puerta...

No se apuró al abrir, lo estaba esperando en realidad. Ya iba siendo hora por un lado, por el otro, era tarde. Demasiado tarde, quizás...

En su atuendo usual no había macula, el visitante se estaba tal como si el tiempo no le pasará, excepto a su rostro. Visiblemente demacrado y cansado, ojeras que se destacaban bajo los anteojos parchados.

No hizo amago de entrar. Esta vez solo le tiraría al rostro una carpeta, con papeles y fotografías.

- ¿Y? - Dijo quedamente, mientras elevaba sus hombros excesivamente.

- ¿Y que? - Respondió el dueño de casa sobándose los costados.

- Explícame, no, ahora.

- No tengo idea.

- ¿A estas alturas? No estamos para eso. Nunca lo hemos estado. Tienes que... no se, entender por lo menos, eso seria un comienzo. Es decir, no quiero pasar por eso otra vez, no es de mi agrado, tu bastardo desagradecido e imbécil. - Mascullaba cada frase a golpes, desencajado. - No soy yo el que pasa por problemas. Sencillamente los arreglo. Y ya lo hice una y otra vez. - Casi gemía, dando pasos al frente y apuntando al costado izquierdo del hombre, en la vieja cicatriz.

- Déjalo.

El visitante iba a decir algo, pero callo, se retiró apurada y manifiestamente molesto. Cansado. Preocupado por sobre todo lo que tenia en cabeza.

Entró el hombre de nuevo a su casa. Tomó la botella de vodka, la abrió y se sentó en el suelo arrastrando su espalda por la pared y bebió, bebió para muchas cosas.

Pero bueno, como dice el mito urbano, en un silencio perfecto aun puedes oír su sangre fluir por tu cuerpo con un sonido de baja intensidad y constante.

Bum bum... Bum bum...

- Ay Dios, no otra vez...