martes, febrero 15, 2011

Duda y tiempo.


Con un espejo roto en una esquina recientemente en su cartera, retocaba los últimos detalles. Primero en sus labios haciendo destacar una forma curva y sensual que propia no le era. Luego, los ojos, tener ojos pequeños hacia todo mas complicado; tanto, porque una mirada puede matar, y mas aun, puede dar vida a la sangre; como no iba a ser importante dar sombra y delinear sus ojos, sin parecer prima violinista de la orquesta local, y ni tan poco como para ser imperceptible, solo debe convertirse en un marco de atracción para su mirada.

- Dios, ya no estoy para esto. Dios, ya no estoy para esto. - Era el susurro de la dama tras el espejo del taxista.

Cada vuelta de la rueda, ella dudaba de sus actos y de su vida. El taxista, ya experto en identificación, daba vueltas en su cabeza, ¿quien era ella? Usualmente ya sabría todo de su vida, sus esperanzas, sus sueños y, lo mas relevante, su profesión. Pero no podía apuntarle exactamente.

Ella tiritaba, quizás de nervios, quizás de frío, la noche estaba fría y mucho. Empezó a mirar y contar cada farol por el lado derecho del taxi, haciendo caso omiso a los focos rotos o apagados, su atención solo necesitaba ser distraída. Y de pronto, las medias. No podían estar falta de ningún punto, o si estaban todos, que estuviesen en su lugar dando solo la tonalidad buscada y resaltar lo necesario con el calado que recorría su pierna decorándola, cuidadosamente con un diseño sinuoso para resaltar las curvas desde lo mas alto, y las firmes rectas ya a la base de su pierna, cerca del pie, donde el mismo seria ocultado con un elegante zapato de diseñador, que donde cualquier hombre dijera rojo, no hubiese mujer que no pudiera mirarle con descontento para corregirle: borgoña.

Las medias, las reviso rápidamente y minuciosamente ayudada con el espejo de mano roto de su cartera y de las luces rojizas no siempre presentes de los faroles nocturnos. Al menos eso iba bien, al cabo del recorrido lento por sus extremidades, el único punto corrido estaba donde nadie revisa y ella ya sabia de él.

Tomo aire.

Ella cruzó mirada con el conductor, y este se la sostuvo durante lo que el camino le permitió. Ella no sería capaz de intimidar a nadie en ese minuto, era una muñeca de porcelana rota. Cada duda surgía en su cabeza, atormentandole y alentandole a decirle al taxista que diera una curva en la primera calle que le diera chance. Pero, eso seria hablarle al taxista, que en este minuto era un coloso insondable que regalaba sonrisas condescendientes, consciente finalmente de quien llevaba en su carruaje y a donde, tenia control.

- Dios, ya no estoy para esto. Dios, ya no estoy para esto. - Era el susurro de la dama que ya empezaba a apagarse. Pues, aun con el tiempo, podría reconocer la esquina con su boutique donde alguna vez... No, no era importante su historia, sino que eso significaban tan solo 9 cuadras para llegar a destino, y ya habían cruzado una mientras lo meditaba.

¿ Podría quebrar la voz para decirle al chófer que por favor se detuviera? ¿El chófer le haría caso? ¿No seria el quien la llevase dijera lo que dijera? ¿ Podría negarse y contra su voluntad entregarla a destino? Podría, sin cobrar, solo para disfrutar la situación.

- Dios, ya no estoy para esto. Dios, ya no estoy para esto. - Era el susurro de la dama viendo la plaza representando solo 5 calles de distancia.

Tomo aire.

Y fueron 2 calles.

Y fue una calle.

Y la luz roja.

Bajo la luz roja miró el retrovisor derecho del taxi, lo miró con desesperación, enfocando su rostro marcado por el tiempo y su trabajo. El trabajo de toda una vida y las largas noches en vela. Miró el espejo con enojo, después con odio, y regresó al enojo, pero ese enojo sentimental contra todo, altivo y despreciativo. No era con ella, ya, ella estaba aquí, y si volvía, volvía completa o moriría antes de cruzar la vereda. Si, ya había mundo tras el taxi. Con el taxista viendo al conversión casi se pasaría de donde le habían dicho debía dejarla, quizás solo para huir.

Ella le pago con un billete que sobrepasaba el valor de su viaje por bastante sin dar lugar al taxista a hablar. Abría la puerta con violencia, descuidando un segundo su talante. Bajó un pie dejando ver el diseño, no de su media, sino de su pierna. Termino de bajar, y sin dignarse a mirar a ningún lado, siguió derecho al local que tenia de frente.

- Dios, ya no estoy para esto. Dios, ya no estoy para esto. - Era el pensamiento sempiterno de la mente de ella. Solo que ahora agregaba. - Pero, en esto estoy. -

Sus pasos le siguieron marcados en la acera firme, hasta tocar la puerta del lugar.

jueves, febrero 10, 2011

Impacto de retroceso.

El timbre solo sonó una vez, pero fue suficiente para tomar la atención de ir a atender. Los seguros de la puerta abiertos con paciencia, la cerradura de seguridad desbloqueada y el golpe. Seco y seguro, entonces él cayó sorprendido de espaldas al suelo.

El hombre completamente abrigado, apenas dejando su rostro semi descubierto para respirar. Guantes, zapatos, traje elegante de 4 botones, camisa y corbata negra, solo los anteojos redondos y rojos y su piel rompían la hegemonía monocroma de su presencia.

Un segundo de silencio entre ambos dio lugar a la radio de la cual se escuchaba una tonada.

"Once upon a time "Hace algún tiempo
I was falling in love Me empece a enamorar
But now I'm only falling apart..." Pero ahora que empiezo a desmoronar..."

- No. ¿En serio?. "Total eclipse of the heart". Estas peor de lo que me habian dicho. - El hombre de negro cerró la puerta de golpe, haciendo temblar los vasos en la repisa.

- ¿Que haces aquí? Se supone que no volverías. - El dueño de casa intentaba incorporarse lentamente.

El hombre de negro le empujó pesadamente al suelo impidiendo que se reincorporará. Sabiendo la ubicación de cada cosa en la casa, sacó un vaso limpio y tiró del corcho de una botella de aguardiente de grano y papas, y humedeciendo su garganta con el fuego del alcohol.

- ¿Que haces aqui? -

-¿Porque escuchas eso? No puede ser eso, ¿sabes? No pretendo quedarme en palabras y vengo a encargarme de esto. No pretendo irme y dejarte así de miserable.... por una mano que no sea la mía. -

- No es tu elección - El dueño de casa, se levantó de golpe enfrentando el hombre de negro de forma que recién pudo ver que de hecho median igual y le veía de frente y no tan imponente. No tan imponente como siempre lo vio. - Tengo derecho de caerme y levantarme, de decir cuanto quiera.

El golpe recibido en el estomago, repentino y maletero, fue suficiente para descolocar cada idea de la cabeza el dueño de casa. La canción de la radio sonaba diferente.

"The hurt inside is fading " El dolor dentro se desvanece
This shit's gone way too far. Esta mierda ha ido demasiado lejos.
All this time I've been waiting He esperado todo este tiempo
No, I cannot grieve anymore. No, no puedo lamentarme mas.
For once inside awaking. Por una vez mi interior despierta
I'm done, I'm not a whore. Estoy harto, no soy una puta.
You've taken everything and, Lo has tomado todo y
oh, I cannot give anymore..." oh, no puedo dar nada mas..."

Ambos quedaron mirando a la radio un segundo. Uno pensaba en un avance y el otro, en un retroceso. "Here to stay"

El hombre de negro apoyo el vaso en la mesa y su pie en una silla, como para amarrarse el zapato. El dueño de casa conociendo bien al hombre retrocedió lentamente, hacia la puerta de la casa.

El destello desde debajo del pantalón donde debiera estar solo una calceta revelaba un afilado cuchillo de caza. El dueño de casa intentó correr solo para tropezarse con una silla, desde el suelo aterrado arrojó una decoración, un paraguas y un porta paraguas, al hombre que completaba su negrura con un sobrio semblante en su rostro retocado con una pequeña sonrisa.

El hombre de una patada en la cabeza mareó lo suficiente el dueño de casa como para inmovilizarlo el tiempo suficiente para clavarle el cuchillo donde el cuerpo ya no es garganta sino es pecho. Todo esto no sin dificultad de atravesar todo órgano que se interponía, pero con suficiente fuerza lo que no era cortado podía ser desgarrado a precio del horrible sonido de la separación de la piel.

El hombre tomó aire para hacerse al esfuerzo magro final de aserrar el pecho para dejar descubierto bajo un par de capas su corazón.

El dueño de casa perdió el conocimiento.

Tiempo después, sin saber cuanto, despertó sobre la mesa, el pecho cocido con cuidado y cubierto con un parche amplio, la sangre sobre el había sido limpiada, mas no la del suelo.

El hombre de negro estaba con la botella en mano, vaciando las ultimas gotas en su vaso. Apoyado en la puerta abierta miraba hacia la calle de lado, aun se asomaba una sonrisa, ya no pervertida pero de satisfacción.

- Sonríe, infeliz, sonríe y dame las gracias algún día.- El hombre de negro apuntaba con la botella ya vacía a los restos de carne negra en un plato, carne de corazón.

Se fue y cerró la puerta tras de él, llevándose el vaso.

El dueño de casa se incorporó lento dado el dolor de resentimiento. Podría haber querido llorar, pero ya no sentía esa necesidad, sino una tranquilidad artificial. Se puso de pie, apagó la luz, y arregló todo antes de ir a dormir. Iba a apagar la radio, también.

"I ignore you " Yo te ignoro
As I close my eyes, Mientras cierro mis ojos,
I feel it all slipping away. Siento como todo empeora.
I come toward you Voy por ti
We all got left behind Fuimos dejados atrás
we let it all slip away..." Y dejamos que todo empeore..."

"Left behind". Se fue a dormir sin atreverse a apagar la radio. Sonriendo.