
Eran la una de la tarde con treinta y dos minutos. En su estricto traje negro esperaba en la terraza del cafe, quien dirigiera las piezas rojas de aquel juego de ajedrez personalizado. Este ajedrez tenia muchas jugadas hechas, las negras estaban en jaque, jaque mate segun su aun ausente contrincante.
A pesar de todo golpe de apariencias, no era a "ella" a quien esperaba. Intento mirar su reloj, pero el reflejo del sol de media mañana reflejo un completo impacto sobre sus ojos en un camion. Aquello seria lo de menos, aun menos pudo ver su reloj.... el camion choco contra un taxi que tambien cruzaba la calle. Vidrio volo por los aires, cayeron piezas sobre el tablero.
El hombre no se inmuto a pesar de la multitud que ya iniciaba a aglutinarse. El semaforo de la esquina del cafe poseia muchas almas fichadas a su haber, pues, habia un pequeño lapso, de quizas 2 o 3 segundos, durante el cual, el aparato mostraba todas su caras de verde esperanza. Asi mientras todos corrian a actuar, a llorar, a llamar a los pertinentes, y etc. Este hombre solo quito los pedazos del vidrio del tablero, seco una gota que tenia en una mejilla y penso acerca de su impuntual espera.
El jugador de las fichas rojas siempre llegaba tarde, tenia claro eso si, que nunca fue su intencion. El karma no le era favorable nunca, entre mas se esforzara en llegar a la hora, mas tardaria.
Como la ultima vez en que se reunieron, segun este jugador le relato al hombre del traje negro, su reloj marcaba once y tres cuartos mas dos minutos, aun estaba a tiempo. Pero, al encontrarse en la boleteria de la estacion de metrotren, tuvo su primer contratiempo, solo tenia como sencillo un billete de cinco mil pesos, el boletero no tenia vuelto. Esto le fue enervante, infernal, catastrofico, ¡Por fin tenia esa jugada ganadora, iba a ganar esa apuesta, ese juego de ajedrez!, pero, en fin, tendria que ir en taxi, jamas un micrero aceptaria ser pagado con cinco mil pesos, un pasaje de trescientos cincuenta y era inconcedible el ceder un dia mas a su jugada triunfal. Al cabo de varios vueltas en el reloj, dio con uno, pero quedo en panne a diez cuadras de destino, entonces, corrio y corrio.
El semaforo estaba en verde....
El otro tambien....
Aquella ultima vez, fue quizas la unica donde el hombre del traje negro, reacciono notoria e inmediatamente al nuevo ataque de la esquina del cafe. Todavia estaba consciente en el suelo, destrozado por dentro, respirando y escupiendo sangre. "Vamos, no te iras ahora, no lo haras. Abre los ojos, no duermas. Di algo, abre los ojos hablame" gritaba a la cabeza de su amigo, quien levanto con mucho esfuerzo su mano acercando el oido del hombre a su boca. "e5.... c7.... mate".
Asi fue, y asi este hombre miraba esperando la hora en que pudiera salir de la jugada. No lo haria jamas, pero, ya no habia que pensar en el juego.
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