sábado, marzo 24, 2012

Otra visita.

Entonces, sintió el golpe en la puerta...

No se apuró al abrir, lo estaba esperando en realidad. Ya iba siendo hora por un lado, por el otro, era tarde. Demasiado tarde, quizás...

En su atuendo usual no había macula, el visitante se estaba tal como si el tiempo no le pasará, excepto a su rostro. Visiblemente demacrado y cansado, ojeras que se destacaban bajo los anteojos parchados.

No hizo amago de entrar. Esta vez solo le tiraría al rostro una carpeta, con papeles y fotografías.

- ¿Y? - Dijo quedamente, mientras elevaba sus hombros excesivamente.

- ¿Y que? - Respondió el dueño de casa sobándose los costados.

- Explícame, no, ahora.

- No tengo idea.

- ¿A estas alturas? No estamos para eso. Nunca lo hemos estado. Tienes que... no se, entender por lo menos, eso seria un comienzo. Es decir, no quiero pasar por eso otra vez, no es de mi agrado, tu bastardo desagradecido e imbécil. - Mascullaba cada frase a golpes, desencajado. - No soy yo el que pasa por problemas. Sencillamente los arreglo. Y ya lo hice una y otra vez. - Casi gemía, dando pasos al frente y apuntando al costado izquierdo del hombre, en la vieja cicatriz.

- Déjalo.

El visitante iba a decir algo, pero callo, se retiró apurada y manifiestamente molesto. Cansado. Preocupado por sobre todo lo que tenia en cabeza.

Entró el hombre de nuevo a su casa. Tomó la botella de vodka, la abrió y se sentó en el suelo arrastrando su espalda por la pared y bebió, bebió para muchas cosas.

Pero bueno, como dice el mito urbano, en un silencio perfecto aun puedes oír su sangre fluir por tu cuerpo con un sonido de baja intensidad y constante.

Bum bum... Bum bum...

- Ay Dios, no otra vez...

No hay comentarios.: