La gente casi no se cruzaba en su camino. Simplemente casi no había gente con la cual cruzarse y todos en un animo enfurruñado que le intimidaba al punto de enmudecer las preguntas que morían por extraerse de sus labios. - ¿Como llegar a casa? -
Sabia que serian largas calles bajo la potencia asoladora del calor del cielo, pero decidió emprender la jornada a pie. Podrían pasar miles de cosas, pero la ciudad conservaría la mas pura de sus esencias, las calles; ello facilitó todo, pero, también terminó por derribar su animo mas allá de toda confusión, los letreros desvencijados ya saturaban ese ambiente ajeno y anciano que no terminaban por convencer de lo extraño del hecho.
Eran mas menos unas diez cuadras en sentido de las montañas, una vez caminado eso y con las mismas de frente caminar hacia su derecha unas cuantas mas.
Agotador y sin duda, llegar al portal de su casa tenia que ser un resguardo de esta ciudad, pero ese regreso a casa se enajeno de todo. La puerta estaba abierta, y las hojas de los arboles del patio solo llenaban el suelo entregando nada mas que desolación.
Empujar la puerta descascarada del antaño brillante barniz y entrar a su casa era un desafío a todo, ante todo y por todo ya esperaba ver mas de aquella ajena ciudad inserta en donde su infancia lleno su corazón con recuerdos brillantes y dulces; aun que se impresiono de ver impertérrito todo en ella, como si no hubiese pasado nada, mas que una leve capa de polvo, pero algo no la dejaba de incomodar... el silencio sobre todo... el tono aquel que se asemeja a un pitido casi inaudible...
Dejo sus cosas en la entrada con descuido, y encamino sus pasos hacia el dormitorio de su madre, en el segundo piso, tras la escalera.
viernes, diciembre 30, 2011
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